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Creó un gimnasio con fierros abandonados; hoy se lo equiparon para que siga cambiando vidas

Isaac Ramírez – diciembre 17, 2019

Hace cinco años le cambió la vida a Paul Villafuerte Suárez, un joven de la colonia Praderas de San Mateo, en Naucalpan, quien, tras enfrentar un accidente automovilístico, perdió su pierna izquierda, lo que lo llevó a deprimirse y querer quitarse la vida.

Su fortuna cambió con el apoyo de su familia, pues sus hermanos lo animaron a seguir esforzándose a pesar de haber perdido un miembro pélvico; situación que lo llevó un día a salir a la calle y apropiarse de un terreno baldío aledaño a su hogar para comenzar a formar un espacio en el que pudiera hacer deporte todos los días.

“El gimnasio surgió hace cinco años, porque a mí me gustaba el deporte, pero sufrí un accidente y perdí una pierna, entonces, caí en la depresión y en lo que conlleva, tomar, fumar y quererme suicidar, porque ya no me sentía a gusto (…) pero decidí ocupar el terreno baldío, en donde había perros muertos y me puse a escarbar un día y dije que ahí podía poner unos aparatos y ahí empezó el sueño”, relató el joven de 35 años de edad.

El espacio que un día se encontrara abandonado, poco a poco comenzó a tener vida con la instalación de tubos que eran obtenidos de la chatarra y que pronto tomaron la forma de un gimnasio al aire libre, en donde Paul realizaba ejercicio junto con sus dos hermanos y un amigo, y que pronto animó a otros jóvenes de la colonia a sumarse con ellos, para fortalecer sus músculos.

Tal fue el interés que atrajo el gimnasio creado por Paul y sus hermanos en una zona de alta incidencia delictiva, que logró reunir a cerca de 300 jóvenes de esta región de Naucalpan en un mismo día, quienes, con el tiempo, decidieron abandonar prácticas nocivas como el consumo de alcohol y tabaco o el dedicarse a delinquir, para comenzar a hacer deporte, lo que llevó a este sitio a popularizarse como: Las Barras Praderas.

Ante la demanda del servicio, Paul decidió solicitar el apoyo de las autoridades locales para acondicionar mejor este espacio de entrenamiento, pero, por cuatro años, no fue escuchado, hasta el mes de octubre, cuando en la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, un periodista le informó sobre la existencia de este gimansio comunitario, por lo que decidió enviar a su ayudantía a investigarlo.

“Era un gimnasio al aire libre, eran tubos reciclados de la chatarra y buscábamos el apoyo del gobierno de Naucalpan durante mucho tiempo, pero no obtuvimos respuesta hasta que logramos comunicarnos con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien nos mandó el apoyo y se hizo un castillo para la juventud”, resaltó Paul.

En estos dos meses, el Gobierno de México, en colaboración con la administración municipal de Patricia Durán Reveles, decidió invertir 1.3 millones de pesos para rehabilitar este sitio, sustituyendo las viejas barras por otras nuevas y más seguras, al tiempo en que se les entregaron 22 aparatos nuevos, como bicicletas, mancuernas, pesas profesionales e implementos para hacer pierna, pecho y espalda, con lo que podrán hacer rutinas completas, y los cuales se entregaron este martes.

“Se rehabilitó el cerco, jardín, se pintaron murales, lámparas y colocó un sanitario que para nosotros era muy indispensable”, agregó.

Actualmente, Las Barras Pradera atienden a casi 400 personas de entre ocho y 64 años de edad, cuyo único requisito para poder ingresar es que realicen una actividad paralela como estudiar o trabajar, por lo que muchos han optado por regresar a la escuela, además de que no pueden beber o fumar en las inmediaciones de este gimnasio, lo que afirman les ha cambiado la vida a muchos jóvenes que estaban condenados a vivir de la comisión de un delito, pero que hoy se han graduado en diferentes áreas con las que contribuyen a mejorar su comunidad.

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