Hígado graso, podría llevar a la tumba

Arturo Callejo – marzo 29, 2018

La ingesta desmedida de alcohol y padecer enfermedades metabólicas como la diabetes, hipertensión, obesidad y sobre peso, pueden derivar en hígado graso, que a su vez provoca cirrosis hepática, un padecimiento mortal.

Sarahí González, jefe de Servicio de Gastroenterología en el Centro Médico del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM), explicó que la grasa puede alcanzar hasta un 5 por ciento del hígado, lo cual es normal, pero cuando se rebasa este límite, el órgano tiende a irritarse e inflamarse de forma crónica, sin que la persona tenga síntomas.

“Esta inflamación habitualmente es crónica, no da síntomas, puede durar muchos años y puede llevar a la cirrosis, pero si se tienen familiares con diabetes, obesidad, hipertensión y colesterol, es mucho más probable que la persona a lo largo de su vida tenga mayor predisposición de depositar grasa en el hígado”, explicó la médico internista del ISSEMyM.

Añadió que el hígado graso no se transmite como ocurre con una infección, sino que se hereda la predisposición a padecerlo, condición que empeora con hábitos de vida no saludables como el sedentarismo o una mala dieta y si no se trata, en unos 15 o 20 puede derivar en cirrosis.

Sarahí González advirtió que el riesgo de contraer hígado graso se incrementa en nuestro país, si se toma en cuenta que entre el 60 y 70 por ciento de la población adulta padece de obesidad o sobre peso, mientras que en los niños, la tasa en estos dos padecimientos también es elevada.

Desgraciadamente países como Estados Unidos y México van a la cabeza a nivel mundial en los problemas de obesidad y sobre peso, entonces comienzan a aparecer los depósitos de grasa; aunque hay que subrayar que no todos los depósitos de grasa llevan a la cirrosis, hay gente que tiene depósitos de grasa en el hígado y no les causa daño, pero una proporción aún desconocida de personas, sí les ocasiona inflamación crónica que puede durar algunas décadas para poder llevar a una fibrosis de cicatrización”, abundó la gastroenteróloga.

Con respecto a la inflamación crónica en el hígado, derivada de la acumulación de grasa, no hay síntomas en la persona, reiteró, por lo que se vuelve más peligrosa, es decir, que se puede tener exceso de grasa en el hígado, pero como no hay síntomas, el individuo no va al médico para identificar el problema, a menos que el diagnóstico resulte cuando se va a atenderse por otro padecimiento.

“Si uno va a hacerse algún chequeo y de pronto el doctor encuentra que las enzimas del hígado están elevadas, pero no se tienen molestias y a los seis meses la persona se vuelve a hacer otras pruebas del hígado y siguen elevadas y no hay molestias, ahí hay un proceso de inflamación crónica que puede estar llevando a la cirrosis. Aún en ausencia de síntomas, lo mismo pasa cuando le piden a uno un ultrasonido, porque se quiere ver si se tienen piedras en la vesícula y se le dice al paciente que tiene inflamado el hígado, entonces, como no hay síntomas, no se está diagnosticando a temprana hora esta enfermedad, que en Estados Unidos es la tercera causa de cirrosis”, detalló la especialista.

Otro problema de salud que no está relacionado directamente con el hígado graso, pero sí se asocia, es el síndrome metabólico, un mal para manejar las energías de todo el organismo, como es la glucosa que se manifiesta con diabetes y las energías en grasa como el colesterol, los triglicéridos y el ácido úrico.

Finalmente Sarahí González recalcó que aunque no existe cura para el hígado graso, esta condición se puede controlar con una buena dieta alimenticia y ejercicio.

“El ejercicio debe ser aeróbico, debe ser de 15 a 20 minutos diarios y cuando menos cinco veces por semana, de moderado a intenso y de bajo impacto y la dieta debe adecuarse a las necesidades de cada individuo. Si yo tengo hígado graso y diabetes, entonces necesitaré un tipo de dieta, pero si además tengo hígado graso y colesterol necesitaré otro tipo de dieta”, concluyó.

Comentarios

comments