Ver porno podría ser más nocivo de lo que crees

Hoy Estado de México – Diciembre 5, 2017

La abundancia de contenidos pornográficos y la facilidad con la que cualquier persona, sin importar su edad, puede acceder a ellos hoy en día ha llevado a nuestra sociedad a considerar que su consumo habitual no tiene consecuencias, sin embargo, cada vez más estudios apuntan en un sentido contrario y alertan sobre la posibilidad de algunos efectos negativos en diferentes ámbitos de la vida personal.

Aquí te presentamos siete datos obtenidos por un estudio estadístico llevado a cabo por la agencia de filtrado de internet Covenant Eyes que te harán reconsiderar tus postura frente al porno.

1. El 66 por ciento de las y los actores porno tienen o han tenido alguna enfermedad de transmisión sexual y la mayoría de ella/os abusan de las drogas con el fin de evadirse. Muchas de las escenas que graban implican infligir dolor, trato violento y las humillaciones. Un alto porcentaje de las actrices sufre de depresión o de trastorno limítrofe de la personalidad.

2. Estadísticamente, el consumo habitual de pornografía se asocia con problemas como tensiones maritales y tendencia a la separación o divorcio; incapacidad de relacionarse sanamente con el sexo opuesto; infidelidad; deseo de tipos más explícitos o violentos de pornografía; aumento en el deseo de actividades sexuales ilegales, de riesgo o que implican abuso; percepción disminuida del valor del matrimonio y la monogamia; adicción al sexo y conducta sexual compulsiva.

3. La exposición continua y prolongada a la pornografía tiene efectos psicológicos como: una percepción exagerada de la actividad sexual, disminución de la confianza en tu pareja, pérdida de la esperanza en la monogamia, la creencia de que la promiscuidad “es lo normal”, desvalorización del amor de pareja, y pérdida del interés en el compromiso, las relaciones a largo plazo, la familia y la crianza de los hijos.

4. De igual modo, la adicción a la pornografía disminuye sensiblemente la satisfacción sexual del individuo, debido al desarrollo de una percepción deformada de la apariencia física y de la actividad sexual.

En otras palabras, los consumidores de porno suelen comparar los cuerpos y el desempeño sexual que observan en la pantalla con el de sus compañeros, y rara vez éstos salen favorecidos.

5. En más de la mitad de los casos de divorcio en los Estados Unidos, uno de los cónyuges es acusado de tener “un interés obsesivo en sitios que contienen pornografía”.

6. Cuando un menor de edad es expuesto a la pornografía, el riesgo de que adquiera una enfermedad de trasmisión sexual se incrementa, pues será más proclive a involucrarse en actividades sexuales de alto riesgo.

7. Según algunos sexólogos, el consumo habitual de porno en hombres conduce a prácticas y actitudes como: voyeurismo, que es una obsesión de observar a las mujeres sin interactuar con ellas; cosificación, una actitud en la que las mujeres se perciben como objetos con formas, tamaños y armonía entre sus partes corporales, y no como personas; validación, que es la necesidad de ratificar su propia masculinidad relacionándose con mujeres bellas; trofeísmo, el cual consiste en la idea de que las mujeres son objetos coleccionables que demuestran al mundo su propio valor como hombre; miedo a la
intimidad e incapacidad de relacionarse con las mujeres de modo honesto e íntimo.

8. De acuerdo con estudios que compararon la actitud de los consumidores de pornografía con grupos de control que no presentan esta característica, los primeros se mostraron más proclives a aceptar como “normales”, “excitantes” o “no tan graves” actos como el acoso sexual, el maltrato, la violencia sexual y la violación. Esto aplica lo mismo en hombres y en mujeres.

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