La insana dieta de la “T”

Claudia Rodriguez – Octubre 24, 2017

Tacos campechanos, de suadero, de guisado o de carnitas, huaraches, tortas, tlacoyos, quesadillas, gorditas, e incluso, mariscos, forman parte de la dieta que siguen los mexiquenses para alimentarse todos los días, no importando si el puesto se encuentra en algún paradero de camiones, en algunas vialidades concurridas o a la vuelta de la esquina, pues la intención es “calmar la tripa”, como muchos le dicen al hambre.

Sin embargo, a pesar de la exquisitez que puede tener cada uno de estos tradicionales platillos mexicanos, estos productos están expuestos al polvo, a la poca higiene de quien los prepara y a las condiciones insalubres a la que se somete el agua con la que se cocinan estos alimentos.

El médico gastroenterólogo del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Arturo Urías Vázquez, indicó que más de la mitad de los mexiquenses han enfermado por comer en la calle, siendo la diarrea, tifoidea, o las infecciones estomacales, las enfermedades que más se registran por este motivo.

Indicó que estos padecimientos son causados por bacterias que se encuentran en la comida, ante las pocas condiciones de salubridad a las que son sometidos los alimentos, lo que provoca fiebre alta, dolor de cabeza o abdominal y estreñimiento o diarrea y, de no atenderse a tiempo estos síntomas, podrían provocar hasta la muerte a quienes los padecen.

La fiebre tifoidea sigue siendo una amenaza grave en el mundo entero, particularmente, en los países en desarrollo, pues afecta aproximadamente a 22 millones de personas todos los años, siendo los niños los que están en mayor peligro de contraer la enfermedad, aunque, por norma general, tienen síntomas más leves que los adultos”, indicó.

II. Comida rápida

En lo que va del año, Mario Pérez, quien habita en Atizapán de Zaragoza, ha enfermado del estómago cuatro veces; la segunda, dice, fue la más riesgosa ya que le provocó una incapacidad de casi dos semanas, pues, aunque al principio creía que los dolores en la parte abdominal eran resultado de la gastritis que le provocó hace tres años el consumo de grasas e irritantes, a los cuatro días y después de automedicarse incorrectamente, supo que se trataba del inicio de una salmonelosis.

Yo vivo solo y trabajo una gran parte del día, la verdad es que no me da tiempo de prepararme algún alimento, por lo que tengo que recurrir a la comida callejera. Todos los días, en casa me preparo un café y desayuno un pan, pero la comida la tengo que hacer en donde me toque, porque soy mensajero, entonces, dependiendo de la zona donde me toque estar, elijo el lugar con más gente y ahí como, generalmente, opto por tacos o cualquier otra garnacha”, explica.

Aunque esta rutina le ha dejado seis kilogramos de peso adicionales a los tres que ya tenía de más, al sobrepeso se le suman las cuatro infecciones estomacales que lo han llevado a recurrir a su doctor de cabecera para atenderse.

Yo sé que no está bien comer en la calle, sé que no me alimento sanamente, pero no me da tiempo y aunque la segunda ocasión sí me espanté, porque eso me llevó al hospital y me obligó a llevar una dieta blanda por casi seis semanas, aunque lo desee, no he podido modificar mis comidas”, comenta.

Las principales justificaciones que ofrecen los mexiquenses al momento de ser cuestionados sobre las razones por las que recurren a puestos callejeros o ambulantes para alimentarse, son el antojo, las prisas, la cercanía al trabajo o casa y, principalmente, el precio.

III. Lo barato sale… caro

Carlos es un estudiante universitario y asegura que a veces el dinero que recibe de sus padres, no le es suficiente para sus gastos, por lo que tiene que buscar alimentos que sean baratos y “llenadores” para que pueda rendir en su jornada académica.

A veces una torta la encuentras en diez o 12 pesos en esos puestos, con eso te aguantas un poco, pues existimos personas que económicamente no contamos con los recursos, para poder ir a otro lugar”, afirma.

Una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reveló que 61 por ciento de los mexiquenses piensan que los hombres comen más en puestos callejeros y solo 15 por ciento tiene la idea de que son las mujeres las que recurren más a este tipo de negocios, mientras que el 18 por ciento consideró que no existe distinción en el género en cuanto al consumo de alimentos en la calle.

En Toluca, en la Terminal de Autobuses, el Aeropuerto Internacional, Los Portales o la zona de Hospitales, se oferta una gran cantidad de antojitos, los cuales, a decir de los usuarios, es un “mal necesario”, ya que de no existir, no podrían alimentarse

Algunos los consideran desafortunados, pero para mí es un beneficio, ya que vengo de Villa Victoria y no tengo para pagar un restaurante, pues apenas compro las medicinas y aquí me lleno con dos tacos de a 10 pesos. Eso sí, siempre consumo en donde se vea más limpio”, comenta don Juan, quien lleva más de un mes afuera del Hospital Nicolás San Juan, debido a que uno de sus familiares está hospitalizado.

La mayoría de los puestos ambulantes no cuentan con un permiso emitido por los Ayuntamientos para vender comida; de ahí, que los comerciantes no invierten en cuidar el área o donde transportan los alimentos.

Tan solo en la avenida Nicolás San Juan, existen, en promedio, 60 establecimientos de este giro, los cuales no solo han crecido, sino que se han ampliado ante la demanda.

Eliseo Díaz de la Cruz, uno de los vendedores de la zona, señala que la comida que se oferta en los puestos al aire libre, están limpios, sanos y perfectamente cocinados.

Muchas veces nos han venido a hacer estudios, unos análisis clínicos, para ver si nuestros alimentos no pueden transmitir enfermedades al prepararlos y hemos salido bien, pues la materia prima de estos productos la adquirimos en tiendas grandes establecidas y aquella comida que ya no es apta para consumo, la tiramos a la basura”, dice.

Y, a pesar de que algunos especialistas y la propia cultura mexicana advierten de los riesgos de comer en la calle, los vendedores de tacos, quesadillas, tortas y garnachas continúan ampliándose, pues se estima que los mexiquenses erogan hasta 200 pesos diarios en alimentarse fuera del hogar, de acuerdo con la especialista de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), Claudia Díaz.

Comer fuera de casa es un retortijón para el bolsillo de miles de mexiquenses, quienes desembolsan entre 50 y 200 pesos diarios en promedio en su alimentación”, destacó.

Señaló que este monto representa entre 18.5 y 30 por ciento del salario mensual de un trabajador, según su grado de ingreso y ocupación.

Por su parte, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) en el Estado de México subrayó que desayunar o comer en la calle, representa un gasto mínimo de mil pesos al mes para los mexiquenses, si se consumen alimentos cinco días a la semana, pero hay quienes destinan hasta cuatro mil pesos; es decir, 30 por ciento del salario de un profesionista que percibe 12 mil pesos mensuales.

Carmen Ramírez relata que, el año pasado, también enfermó de tifoidea, una enfermedad con la que estuvo al borde de la muerte; desde entonces, decidió no consumir más alimentos en la vía pública, lo que ha provocado que no solo su salud mejore, sino que también sus finanzas sean más sanas.

El desayuno lo hago en casa, pero a la hora de la comida pido un menú para llevar o voy a un restaurante y eso me sale entre 60 y 150 pesos. Desde que me enfermé, trato de cocinar en casa y traer un guisado al trabajo, tengo más de un año haciéndolo y dejé de gastar como 500 pesos a la semana”, cuenta.

Comer en la calle no sólo representa ser víctima de alguna enfermedad que pudiera poner en riesgo la salud de las personas, sino que también genera un gasto que, a largo plazo, podría afectar la economía de cualquier mexiquense.

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