El pueblo europeo del Edoméx que está en peligro de extinción

Manuel López – Octubre 11, 2017

Por más de 50 años, Tlalmanalco fue uno de los lugares más codiciados y mejor pagados no sólo de la zona oriente del Valle de México, sino de todo el país, debido a que, en 1897, inversionistas extranjeros decidieron construir una gran fábrica papelera, única en México y en toda América Latina, que ahora, junto con el municipio que fue testigo de su apogeo, necesita ser rescatada del olvido

Desde el inicio, el monte y la vegetación fueron el escenario perfecto para que se consolidara este proyecto empresarial, que impulsó, de manera paralela, la construcción de una ciudad conformada por casas con estilo holandés, divididas por rangos sociales y que habitaban desde gerentes hasta los más humildes obreros.

Yo trabajé cerca de 12 años como transportista. Éramos más de cuatro mil trabajadores divididos por turno. Recuerdo que la fábrica no paraba de producir, pero igual nos trataban muy bien, nos daban donde vivir y todo. Nos construyeron vecindades y casinos. Hasta tuvimos cantinas y baño de vapor”, recuerda con nostalgia don Luis López Rivera, habitante de la Región de los Volcanes.

Sin embargo, el desgaste de la vegetación y el crecimiento de la mancha urbana han desgastado las edificaciones que donaron los dueños, tras la quiebra de la papelera. Ahora, de las calles empedradas, la arquitectura colonial y las construcciones franciscanas sólo queda el recuerdo del que han sido testigos los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

Nosotros, como vecinos de la zona, queremos que lo que aún queda en pie, se conserve. Queremos que las autoridades se comprometan a rescatar estas construcciones que ya tienen un siglo y que le dan vida a la región, porque después ya no habrá rastro de nuestra historia”, asegura López Rivera.

I. La decadencia

A 123 años de su creación, la Fábrica de Papel de San Rafael Tlalmanalco es un espacio sin vida y olvidado por las nuevas generaciones, aunque podría ser rescatada con ayuda de inversión pública y privada, lo que ayudaría a reactivar la economía de la Región de los Volcanes.

La fábrica detonó el crecimiento del pueblo. Construyó la primera escuela en el municipio, que, además, abastecía a los alumnos con todo el material escolar, pero desafortunadamente el desinterés de las autoridades y de los empresarios, la abandonaron. Ahora ya no queda más que la fachada”, lamenta el historiador local, Alberto Zea.

La fábrica, que operó por más de cien años con ayuda de inversión española, logró posicionar a la zona como uno de los poblados mejor desarrollados en el Valle de México, con centros de entretenimiento como un casino, un cine y una gran tienda de conveniencia, que eran propios de la comunidad.

La empresa y su gente sobrevivieron a épocas históricas como El Porfiriato y la Revolución mexicana, pero su extinción inició en 1994, cuando se terminó el contrato que el gobierno mexicano le cedió, presuntamente para la explotación de los bosques y el agua de la montaña y que permitió su desarrollo, cuando esto ocurrió, prácticamente todo se fue a la ruina.

Pero lo importante que heredó este proyecto económico a la comunidad de Tlalmanalco, fueron sus construcciones que no ves en ninguna otra parte del Estado de México. De ahí, viene mucho la semejanza con ciudades de países como Holanda, por ejemplo, que tienen más o menos los mismos paisajes y casas con teja y adobe, como fueron construidas aquí”, agrega el historiador.

II. Al rescate de Tlalmanalco

En los últimos años, los esfuerzos por recuperar la belleza del pueblo de San Rafael Tlalmanalco, iniciaron de manera paulatina. En septiembre de 2016, la entonces secretaria de Turismo, Rosalinda Elizabeth Benítez González, anunció la remodelación del Ex Cine de la comunidad, con una inversión de cuatro millones de pesos.

El proyecto contempló la rehabilitación del espacio, con ayuda del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para que los habitantes originarios montaran un “corredor gastronómico” que pudiera atraer a visitantes nacionales e internacionales al municipio.

En esa fecha, los comuneros mostraron ilusión por recuperar parte del patrimonio de sus abuelos que han fallecido y que dejaron en herencia; sin embargo, la intervención, hasta el momento, no se ha ampliado a los cuatro espacios locales más que aún se sostienen en pie.

A las 7 de la mañana, era la hora de entrada, a las 11 sonaba el silbato y era hora del almuerzo donde se recogían las canastas de alimentos que dejaban las esposas. Ya era una costumbre armar una ruedita y compartirlos con los compañeros.

En ese entonces, yo lo que hacía era ayudar en la soldadura de herrería de las máquinas, que cuando se descomponían, tenía que ayudar con un diablito a acercar los aparatos para soldar. Ahora sólo queda la fachada y nuestros recuerdos, por eso pedimos que nos ayuden a recuperarlos”, rememora con nostalgia don Luis, uno de los muchos pobladores que aún anhela que San Rafael recobre el esplendor de ese pueblo con esencia europea que se albergó en la falda de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, en plena zona metropolitana del Estado de México.

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