Cinco millones de mexiquenses migran a otros estados o municipios para tener empleo

Fernando Cruz – Octubre 4, 2017

A diario, miles de personas recorren largas distancias fuera de sus hogares para llegar hasta su centro de trabajo y, a pesar de que esta actividad se replica en todas las entidades, es la Ciudad de México, la zona donde se concentra el mayor número de trabajadores que provienen de otras delegaciones o municipios. Este fenómeno es conocido como migración laboral.

Como resultado de este movimiento migratorio, la Ciudad de México se ha convertido en el centro logístico más importante del país, mientras que las localidades aledañas se han vuelto “municipios dormitorio”, a los que sus habitantes solo llegan de noche o permanecen en ellos, los fines de semana.

Basta con observar el flujo vehicular de las principales avenidas y carreteras que conectan a la zona conurbada con la Ciudad de México, por las mañanas y las noches, para darse cuenta de la cantidad de personas que salen de su hogar en municipios como Amecameca, Chalco, Huehuetoca, Isidro Fabela, Melchor Ocampo, Nicolás Romero, Tepotzotlán y Valle de Chalco, por mencionar algunos, para trasladarse a la capital del país, donde se encuentran sus centros de trabajo.

II. A buscar empleo

En el Estado de México, este fenómeno también se registra, aunque a una escala municipal; es decir, personas que provienen de municipios con una vocación rural, se trasladan hasta las zonas conurbadas o turísticas, para poder laborar u ofrecer sus distintos productos o servicios, debido a que, en las regiones de donde son originarios, las oportunidades laborales son escasas.

Este tipo de migración es conocida como migración municipal y los estados de México, Nuevo León y Jalisco, son las entidades en las que más se registra este fenómeno poblacional, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

El comercio es la principal actividad que realiza quienes se trasladan hasta otros municipios para conseguir una fuente de ingresos y son los artistas, artesanos, escultores, recolectores y comerciantes, los que optan por recorrer largas distancias todos los días, para dar a conocer sus productos y vender algunas piezas.

Doña Eva es una de ellas, pues recorre más de 50 kilómetros en transporte público todos los días, para vender la comida que prepara y poder llevar un sustento a su familia. Actividad, que ha realizado por más de cinco años.

Su día inicia a las 4:00 de la mañana, hora en la que se levanta y prepara sus maletas para iniciar su trayecto rumbo al municipio de Atizapán de Zaragoza. Eva vive en una comunidad rural ubicada al norte de Toluca y tras caminar a la avenida principal, toma el camión que la trasladará hacia Periférico Norte, a la altura del Toreo de Cuatro Caminos, Naucalpan, donde aborda un microbús rumbo a la Manzana de Roma, en Tlalnepantla, para finalmente ascender a una combi que la dejará en su destino.

Su trayecto está acompañado de un pequeño anafre y de dos bolsas de costal llenas de guisados, pan y diversos utensilios que utiliza para preparar los antojitos mexicanos que la han hecho popular a un costado del palacio municipal de Atizapán.

En el municipio de Atizapán de Zaragoza, por ejemplo, se estima que más de 700 personas de origen indígena llegan, todos los días, a trabajar. Los hombres, en su mayoría, se dedican a la construcción y a trabajos pesados, mientras que las mujeres deciden laborar en el área doméstica o en actividades relacionadas con el área de limpieza, mientras que un grupo muy pequeño aún lo hace vendiendo artesanías.

En los primeros casos, la comunidad indígena pernocta, de lunes a viernes, en las colonias populares, cerca de su área de trabajo, y los fines de semana, regresan con sus familiares a sus pueblos originarios.

Feliciana Nabor Torres, quien fuera jefa suprema de los pueblos indígenas en Atizapán, indicó que no existe un registro real de las personas que provienen de pueblos indígenas que viven o se trasladan al municipio de Atizapán de Zaragoza, ya que, muchos de ellos, dejan a un lado su vestimenta típica, para vestir de manera casual y mezclarse con los demás habitantes, por el temor a ser discriminados.

III. No son ni de aquí, ni de allá

Aunque Eva es una persona querida y apreciada de Atizapán de Zaragoza, muchas personas que migran todos los días por cuestiones laborales, no viven la misma suerte.

Antes, don Cipriano recorría más de 54.2 kilómetros desde el Centro Ceremonial Otomí hasta el Pueblo Mágico de Tepotzotlán, para vender molcajetes de piedra, utensilios que él y varios vecinos crean con cincel y piedra volcánica, para luego ponerlos a la venta en un módulo de información turística ubicada a un costado de la presidencia municipal.

Aunque esto no siempre fue así, ya que don Cipriano inició vendiendo sus artesanías a afuera del palacio municipal hace más de tres años; sin embargo, los problemas iniciaron durante la presente administración municipal, ya que, él y 15 vendedores más fueron desalojados de la plaza, por no contar con permiso de venta.

Al ser exiliados de su lugar de trabajo, sus ingresos sufrieron un detrimento, a tal grado de dejar de asistir todos los días a vender sus productos y limitarse a exhibirlos en un anaquel de cristal de este módulo de información, donde el dueño le permite mostrar sus productos y, de ser posible, comercializarlos.

Cipriano ahora asiste cada quince días al módulo para recoger sus pocas ganancias, pues cada molcajete es ofertado en 250 pesos; sin embargo, para este artesano, ésta es la única forma de apoyar a su familia, mientras se traslada a otros municipios a ofrecer lo que sabe hacer.

IV. Consecuencias sociales

La migración que sufren las entidades es un fenómeno en crecimiento, pues las cifras más recientes del INEGI, indican que, en 2005, salieron del Estado de México 300 mil 042 personas para vivir en otra identidad, de los cuales siete de cada diez eligieron la Ciudad de México como su destino, seguido de los estados de Hidalgo y Puebla.

Asimismo, se estima que son más de cinco millones de mexiquenses, los que se trasladan fuera de su entorno habitacional para trabajar, principalmente de los municipios Cuautitlán Izcalli, Cuautitlán México, Chimalhuacán, Ixtapaluca, Tecámac, Tepotzotlán, Tlalnepantla y Zumpango.

Estudios indican que el recorrer grandes distancias, afecta el entorno social del migrante, modifica su conducta, núcleo social, forma de pensar, autoestima y carácter, además de la interacción familiar, debido a que las personas que pasan el mayor tiempo de su vida trasladándose de un lugar a otro, sufren trastornos emocionales, gracias a que las distancias que recorren, se vuelven cada vez más largas y pesadas por factores como el tráfico vehicular, el estado de las calles, avenidas y factores externos que deterioran el transitar, sumado los altos costos del transporte público, generando un mayor estrés entre los pobladores.

V. Fenómeno integral

El que las personas migren a otras comunidades en busca de mejores condiciones laborales, no es una situación exclusiva de habitantes de zonas rurales o indígenas, pues los profesionistas también tienen que recorrer largas distancias para encontrar el trabajo ideal. Esta situación se debe, en gran parte, a los obstáculos burocráticos a los que se ven sujetos los empresarios que se encuentran dispuestos a invertir en estas comunidades.

El director regional de nueve municipios de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (CANACINTRA), Alejandro Muñoz Moya, señaló que las empresas también migran a otras comunidades, debido a que hallan en otros lugares las facilidades para asentar una empresa, a pesar de que en un inicio contemplara otra localidad más cercana como su primera opción.

Detalló que las grandes empresas han optado por asentarse fuera del Valle de México, lo que ha hecho cada vez más difícil que los buscadores de empleo consigan uno cerca de sus hogares.

Los profesionistas son el sector más afectado, debido a que los grandes corporativos y fábricas se ubican a las orillas de la zona conurbada”, indicó.

Resaltó que, en contraste, las empresas de logística se han consolidó en las zonas cercanas a las áreas urbanas, gracias a la infraestructura carretera con la que se cuenta. Sin embargo, este tipo de empresas contratan a un número muy bajo de profesionistas, ya que el mayor número de sus empleados requieren contar con conocimientos básicos para trabajar, obligando a los profesionistas recorrer grandes distancias en búsqueda de una oferta laboral.

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