Los quita hambre; bancos de alimentos ayudan a 121 mil mexiquenses que no tienen para comer

Arturo Callejo – Septiembre 14, 2017

Apenas sabe hablar el español y pedirle que lea es impensable, pues nunca tuvo la oportunidad de asistir a una escuela en su tierra natal, Chiapas. En su casa, eran tantos, 18 para ser exactos, que solo dos alcanzaron a estudiar la primaria, mientras que el resto, se tuvo que dedicar al campo, antes de que su madre falleciera. Después, su madrastra los dejó en la calle y les impidió seguir viviendo de la tierra.

Irinea, no alcanza los 50 años, pero exactamente qué edad tiene, no lo sabe, lo que sí recuerda es que hace más de 35 años llegó a la Ciudad de México, junto con uno de sus hermanos, con quien dos años más tarde, se mudó a Ecatepec. Su “jacalito”, como ella le llama, se encuentra al margen del Río de los Remedios, desde donde sale todos los días, para buscar un poco de comida para ella y para su hermano.

Hay que caminar todos los días mucho, hasta llegar a donde hay mucha gente, para que les pidas dinero y comida. Hay días malos, en otros, tenemos suerte y lo que te dan, alcanza para dos días”, asegura, mientras trata de recordar a dónde va todos los días para comer, aunque su poco vocabulario y su corta memoria, le impiden recordar que la Central de Abasto es su refugio y su centro de recaudación de alimentos.

La alimentación de Irinea y de su hermano, quien ya no puede levantarse de cama porque un automovilista lo atropelló hace tres años, no es nada balanceada y mucho menos segura, pues aquellos que se compadecen al verla pedir dinero, le dan desde una fruta, hasta las “sobras” de sus alimentos.

A veces nos dan un plátano, otros cacahuates o los restos de una (torta) con jamón. Una vez me dieron unas tortillas con chile”, comenta, mientras muestra su sonrisa, que evidencia una escasa dentadura, y continúa, “pero lo importe es echar algo al estómago, mientras diosito nos mantenga con vida”, concluye.

II. Ni para el taquito

Como Irinea y su hermano, en el Estado de México, alrededor de un millón 57 mil personas enfrentan pobreza extrema; es decir, que afrontan dos o más carencias sociales, como el rezago educativo, el acceso a servicios de salud, acceso a seguridad social, calidad y espacios de vivienda, acceso a servicios de vivienda y, sobre todo, acceso a la alimentación, de acuerdo con la última Medición de la Pobreza y las Entidades Federativas 2016 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Y aunque la cifra parece alarmante, representa una disminución de 12.4 por ciento en comparación con 2014, cuando había un millón 206 mil 900 habitantes con esta condición social; es decir, 149 mil 900 menos que hace dos años.

De acuerdo con el coordinador del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN) en la Cámara de Diputados estatal, Anuar Roberto Azar Figueroa, uno de cada dos mexiquenses, viven en pobreza, “por lo que nosotros seguimos sosteniendo que el Estado de México es el estado que proporcionalmente aporta más pobreza a la estadística nacional”, afirmó.

En contraparte, en la última semana, el subsecretario de Planeación, Evaluación y Desarrollo Regional de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), Francisco Javier García Bejos, presumió que, en los últimos seis años, más de tres millones de mexiquenses dejaron de padecer algún tipo de carencia; sin embargo, los pobres del Estado de México siguen padeciendo la falta de alimentos a diario.

III. Una ayudadita

Para atender esta problemática, el Banco de Alimentos “Caritas” del Estado de México reparte cuatro mil 800 toneladas de alimentos a personas con carencia alimentaria que habitan en 45 municipios de la zona poniente de esta entidad federativa.

Sin embargo, el director del Banco de Alimentos, Alberto Canul Juárez, aseveró que toda esta ayuda alimentaria es insuficiente para todas las carencias que hay entre la población del Estado de México.

Las últimas cifras eran de seis millones 800 mil personas que tenían carencia alimentaria (en todo el Estado de México), lo que significa que estamos apoyando a poquito menos de tres por ciento de la población que tiene esa necesidad”, subrayó.

Destacó que un banco de alimentos no debe existir, pues eso se entendería como que “no hay hambre, no hay gente que tiene necesidad del alimento; sin embargo, sí la hay, pese a los esfuerzos de los gobiernos para tratar de alimentar a la gente”.

Detalló que, mensualmente, son repartidas 400 toneladas de alimentos, de las cuales 300 son donadas por empresarios del ramo alimenticio y el resto son compradas con las pequeñas cuotas de recuperación que se obtienen de los paquetes alimenticios que se hacen llegar principalmente a pobladores de los pueblos mazahua y otomí.

Profundizó que, al mes, el Banco de Alimentos llega a 121 mil personas con carencia alimenticia, quienes representan 24 mil familias asentadas esencialmente en los municipios de San José del Rincón, Villa de Allende, Villa Victoria y una parte de Almoloya de Juárez, así como en la zona oriente de Toluca y con el apoyo de 540 comunidades, establecidas en 45 municipios.

La carencia de alimentos también es marcada en la zona sur mexiquense, detrás del Xinantécatl, así como en Amatepec, Luvianos, Tlatlaya o San Simón de Guerrero, pero no estamos llegando por falta de alimentos, además de las distancias, el tiempo, no es lo mismo San José del Rincón, que tiene 90 kilómetros y que se hace un camión hora y media desde Toluca, a ir a Tejupilco, que está a la misma distancia, pero el camión se hace tres horas. No se diga en Amatepec, ahí es mandar un camión en la mañana, repartir durante el día, pernoctar en Amatepec y regresar al día siguiente, a lo que se suma la inseguridad, pues colinda con Guerrero, en la franja de Tierra Caliente”, enfatizó Canul Juárez.

Tras resaltar que, el año antepasado, se pudo llegar a 140 mil personas y ahora solo a 121 mil, explicó que la reducción de alimentos de 19 mil personas, se debe a que las empresas donadoras han tenido menos merma en sus productos; es decir, que registran menos alimentos caducos y la mayor parte de su producción sale a la venta al público.

Para repartir las miles de toneladas de alimentos, en el Banco de Alimentos “Caritas” del Estado de México, se forman grupos llamados comunidades y cada una se integra por 50 y hasta 400 familias, en donde se nombra un representante de confianza, a quien le llegan los alimentos que tiene que repartir en su lugar de origen, además de que cobra las cuotas de recuperación; dinero que se utiliza para adquirir más productos y seguir ayudando a alimentar a los mexiquenses más necesitados.

Los paquetes alimenticios contienen de 12 a 14 productos, pero solo se recupera 10 por ciento del valor comercial del producto donado; es decir, si va una lata de champiñones que cuesta en el mercado 30 pesos, a la persona se la damos en tres pesos para comprar lo que nadie nos regala como el azúcar, frijol, arroz y aceite, lo tenemos que comprar por toneladas para integrarlos a los paquetes alimentarios”, explicó.

No obstante, que la labor ha cambiado miles de vidas, aún hay personas como Irinea a las que incluso esos apoyos les son ajenos, pues no puede pagar ni el 10 por ciento, por lo que confían en que las autoridades los volteen a ver para tener en casa algo sencillo para comer.

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