Los hongueros en busca del “oro del bosque” mexiquense

Fernando Cruz – Septiembre 6, 2017

Aunque la temporada de lluvias es una época odiada por muchos, sobre todo, para aquellos que viven en la Zona Metropolitana del Valle de México, para otros representa un momento de oportunidades, de alimentarse mejor y hasta para tener ingresos extras, pues, desde la primera llovizna, comienzan a brotar los primeros hongos en los bosques y cerros de diversas partes altas del Estado de México, que nadie puede dejar pasar desapercibidos.

Durante esta época, los llamados “hongueros” recorren largas distancias para recolectar cualquier variedad de especies de hongos, de todos tamaños y colores, aunque solo los más experimentados alcanzan a distinguir cuáles son los ideales para la alimentación, pues a pesar de que algunos lucen irresistibles, podrían ser mortales si se consumen.

A sus 84 años de edad, la señora Chana, quien vive en la comunidad de San Bartolo Lanzados, en Atlacomulco, ha recorrido un sinfín de veces los montes que alberga este municipio ubicado en el norte del Estado de México, para conseguir el preciado “oro del bosque”.

Apenas comienzan a caer las primeras lluvias de la temporada, Chana sale desde las 06:00 horas para iniciar su caminata por el bosque, solo acompañada de una vara que usará para buscar hongos entre las hierbas y ahuyentar a aquellos animales que se aproximen como las víboras.

Y a pesar de que el bosque parece majestuoso y el frío de la mañana cala los huesos, hoy es su día de suerte, pues debajo de un árbol, entre la maleza, encuentra un hongo de apenas 10 centímetros; sin embargo, la decepción llega rápido, ya que “es de los que no se come”, dice. Metros más adelante, aparece un pequeño de color café que resulta bueno para la cosecha.

De entre su ropa, la señora saca una pequeña navaja casera y la coloca en el suelo. Antes de cortar el primero, le da pequeños golpes en la parte superior, esto, dice, es para que suelten las esporas y crezcan más. Son tres golpes suaves, pero concisos los que le da a cada uno, y luego hace un pequeño canal de tierra alrededor del tallo del hongo y corta, pero no a la altura de la raíz. Esa la deja para que sigan creciendo, comenta.

La historia se repita una y otra vez por casi tres horas, tiempo suficiente para llenar tres cuartas partes de un bote de acero. El más grande, es un hongo de color rojo que encontró al lado de un arroyo, el cual alcanza hasta los 20 centímetros y cuyo valor en el mercado puede lograr los cien pesos, “ese es el bueno, si lo probaras, sabrías que sabe diferente a los demás”, asegura.

II. El negocio y el nuevo turismo

Al llegar a su casa, Chana comienza a separar los hongos, algunos servirán para desayunar ese día, mientras que otros se irán directamente a la venta. Los primeros, se lavan con cuidado para quitarles la tierra y luego, se les pone a la leña para asarlos y, una vez que estén listos, se podrán acompañar de una tortilla de maíz recién hecha, acompañados de una salsa de molcajete.

Una vez concluida esta labor, la señora saldrá a caminar acompañada de su bote al pie de la carretera en la comunidad de La Mesa de Chosto, en donde ofrecerá a todos los automovilistas que por ahí circulan, estos alimentos a un costo de 25 pesos el puño. Si el día es bueno, los ingresos alcanzarán los 300 pesos por día.

La mayoría de las personas como Chana, no tienen conocimientos biológicos de los hongos; sin embargo, adquieren los conocimientos a través de la experiencia que les da hacer esta actividad a diario y a través de lo compartido por sus padres.

La bióloga de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Michelle Benítez Araiza, señaló que, en nuestro país y en el Estado de México, existe una gran variedad de hongos, los cuales se han convertido en un sustento económico para miles de familias que han tenido que aprender de ellos, para poder alimentarse.

Desde hace varios años, Michelle realiza recorridos en las comunidades altas de Tepotzotlán, en donde ha podido apreciar más de 30 tipos de hongos comestibles, los cuales cuentan con características únicas.

No me canso de caminar por el bosque en busca de estos seres tan mágicos, llenos de colores, aromas y lo más asombroso de sabores y texturas tan variadas. Al terminar una caminata y ver una canasta llena de hongos multicolor, uno se maravilla, se llena de asombro y no deja de pensar en la bondadosa y abundante que es la tierra que nos brinda de todo con tanto amor”, afirma.

Siguiendo esta tradición, Jonás Mejía López se ha convertido en un guía de sendero en Tepotzotlán, en un recorrido turístico que invita a los visitantes de este Pueblo Mágico a apreciar y conocer más de estas especies.

Mi conocimiento es empírico, a lo largo de los años he ido aprendiendo cuáles son comestibles, lo que me ha ayudado es salir y aprender de los abuelos, de la gente que sabe. Los hongos siempre me han interesado porque han sido parte de mi entorno”, afirma.

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