Les cortan las alas; repatriación de dreamers generaría competencia desleal con mexicanos

Arturo Callejo, Isaac Ramírez y Osvaldo Saldaña – Septiembre 18, 2017

Hasta el mes de agosto, Lourdes Salazar y sus hijos Lourdes, Pamela y Bryan vivían en Estados Unidos; sin embargo, las nuevas políticas del gobierno de Donald Trump hicieron que fueran deportados a su natal Temascalcingo, en el Estado de México, en donde pudieron reunirse con su esposo y padre, respectivamente, Luis Quintana Chaparro, quien regresó a la entidad hace siete años por este mismo motivo.

Tras su regreso obligatorio, la señora Lulú señaló que los principales retos a los que se han enfrentado una vez que regresaron a Temascalcingo, es a la falta de escuelas que estén acordes con el nivel de estudios que han conseguido sus hijos en la Unión Americana, a un empleo bien remunerado y hasta a la falta de internet.

Cuando uno está allá, se la pasa uno trabajando y ahorrando, y viene uno acá y las cosas están totalmente diferentes. Es bien duro, estamos en casa de la abuelita, todavía no van a la escuela (mis hijos) y lo más importante es su educación, ellos todos los días piensan en su escuela y en todo lo que tenían, en sus amigos, nos ha costado muchísimo trabajo”, argumentó.

Recordó que cuando llegaron a Michigan, su esposo se empleó en la construcción y ella era ama de casa, pero posteriormente, cuando deportaron a su pareja, tuvo que trabajar limpiando casas, vendiendo pasteles y comida, para solventar los gastos de sus hijos y su vivienda.

Debido a que sus tres hijos tienen la doble nacionalidad, ya que nacieron en Estados Unidos, su hija mayor, Pamela, de 19 años de edad, regresó a la Universidad de Michigan, donde está becada para cursar el tercer semestre, mientras que Lourdes y Bryan esperan, en breve, vivir en Toluca, para poder continuar con sus estudios revalidados; sin embargo, creen que sus primos que son considerados dreamers; es decir, que llegaron a Estados Unidos muy pequeños y se desarrollaron profesionalmente allá, pueden enfrentar un problema mayor.

Allá pueden tener una educación más buena, pueden estudiar más y tener más oportunidades, pensábamos que iban a tener un futuro mejor y grande”, aseguró su hija Lourdes, mientras que Bryan indicó que la suspensión del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), implica una vida más complicada para quienes se vieron afectados por la decisión de Donald Trump de no renovar este programa.

II. El fin de un sueño

Informes oficiales revelan que, en Estados Unidos, hay 622 mil 170 mexicanos considerados dreamers, de los cuales 10 por ciento son mexiquenses; es decir, más de 60 mil -65 por ciento mujeres y 35 por ciento hombres-, cuya principal actividad es estudiar, con 70 por ciento de los casos, mientras que el resto renovó su permiso de empleo. Todos ellos se encuentran en vilo ante la decisión del mandatario estadounidense de ponerle fin al DACA.

La ex Coordinadora de Asuntos Internacionales del Gobierno del Estado de México, Betina Chávez Soriano, indicó que, ante este panorama, una de las posibilidades para quienes ya se les venció el permiso DACA y desean continuar estudiando o trabajando, es que las universidades a las que acuden, los respalden hasta que concluyan sus estudios.

En ellos, las universidades públicas y privadas encuentran un gran potencial por su talento y quieren que permanezcan estudiando, hablamos de jóvenes que están terminando el bachillerato, están iniciando la universidad o que están a la mitad de estudios universitarios y que quieren que terminen, porque incluso, hay universidades que han becado a estos jóvenes y que han externado su interés en que los jóvenes puedan continuar sus estudios. Ellos ven a los jóvenes dreamers como una generación prometedora y comprometida”, explicó.

Respectó a los dreamers trabajadores, indicó que representan una importante fuerza laboral, pues “son más de 400 mil millones de dólares y más de 600 mil empleos los que se perderían si se les expulsa o si se extermina cualquier tipo de permiso para estos jóvenes”.

Tenemos 12 millones de mexicanos documentados, pero hay muchos otros que no están documentados, que no se acercan a los consulados y mexiquenses que no se acercan a las casas de atención por desconocimiento o porque están lejos de las ciudades capitales, así que es una población que va a seguir buscando alternativas para sobrevivir con o sin DACA”, advirtió Chávez Soriano.

La especialista descartó que, con el fin de DACA, la deportación de dreamers se haga de forma masiva o inmediata, por el contrario, se haría ordenada y regulada, ya que se han fijado plazos, pues el 5 de octubre vence el tiempo para quienes quieran iniciar un permiso y hasta marzo de 2018 para quienes tuvieran un vencimiento de su permiso.

Sí es una decisión desafortunada e imprevista, porque se revocó un programa que marchaba bien, un programa que beneficiaba a ambos países, caímos en una alarma y se suma a señales de una clara animadversión del presidente hacia la comunidad migrante mexicana, pero no tiene efectos inmediatos, no se acaba el mundo para los dreamers, tenemos tiempo de reacción y maniobra para brindarles la mejor protección legal y migratoria posible”, enfatizó Betina Chávez Soriano.

III. Panorama desolador

La eventual repatriación de “dreamers” al Estado de México representa un panorama desolador para cada uno de los cerca de 60 mil jóvenes de origen mexiquense que viven en Estados Unidos, consideró Ana Jardón Hernández, del Centro de Investigación en Estudios de Movilidad de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

La investigadora subrayó que el primer problema a enfrentar es la resistencia que tienen estos jóvenes de regresar a su país de origen, ya que cuentan con una vida hecha en otra nación, con otras costumbres, otra lengua y otras condiciones socioeconómicas, por lo que arrancarlos de su entorno, tendría costos psicológicos y emocionales para los afectados.

Ante ello, dijo, se requiere que las instituciones del Estado de México y del país tomen las previsiones necesarias, primero, para hacerse de los recursos económicos necesarios para enfrentar la llegada de estos jóvenes, quienes llegarían a un territorio extraño para ellos, en busca de trabajo y escuela.

Jardón Hernández manifestó que el gobierno estatal está a tiempo de generar o adaptar programas que atiendan las necesidades de los “dreamers”, que les ofrezcan un acompañamiento psicológico, pero también fuentes de empleo de calidad, así como espacios educativos.

Institucionalmente lo cierto es que se advierten muchos retos y académicamente ni qué decirlo, es un tema al que se le tiene que prestar la atención que merece y que mejor que esto fuera de manera coordinada entre los sectores público, privado y académico, para lograr establecer una serie de propuestas que favorezcan la reintegración de esta población, en el caso de que se diera la situación de un retorno forzado”, expuso.

Mencionó que el primer tema a atender sería la adaptación de los recién llegados a un lenguaje y una cultura que, aunque no les son totalmente desconocidos, sólo la llevan a la distancia, por lo que se requieren proyectos enfocados a integrarlos de una manera que sientan que aportan algo, a la vez que se nutren de nuevos conocimientos.

Siguiendo con el tema educativo, Ana Jardón reconoció que cubrir las necesidades educacionales de los “dreamers” reviste un reto de gran magnitud para las instituciones públicas, ya que el sistema bilingüe es prácticamente inexistente en la entidad mexiquense. Ante ello, agregó, se requiere idear estrategias especiales que eviten que los jóvenes caigan en un estancamiento.

Respecto al tema laboral, la académica mencionó que es necesario que el gobierno emprenda una campaña de sensibilización con los empresarios para que los dreamers puedan llegar a puestos de trabajo en condiciones en las que se les reconozca su experiencia en Estados Unido y su ingreso no sea tan desigual al que percibían en aquel país.

IV. Mexicanos vs. dreamers

Las especialistas en Asuntos Internacionales de la UAEM, Wendy Ovando y Rosa Azalia Canales, coincidieron en que el fin de DACA tendría importantes repercusiones políticas y económicas para ambos países, ya que los dreamers aportan al Producto Interno Bruto de Estados Unidos, lo cual ya ha generado preocupación en los empresarios estadounidenses, mientras que, en México, serían jóvenes que tienen otra cultura laboral y emprendedora, lo que les provocaría un choque con los esquemas productivos de este país, que posiblemente se encuentren más rezagados.

Agregaron que competirían directamente con los jóvenes universitarios que se preparan en México, lo cual pondría en desventaja a quienes siempre han vivido en este país, ya que los dreamers hablan inglés y conocen procesos productivos que serían atractivos para los empresarios, aunque también esto generaría una disparidad salarial entre ambos.

Mencionaron que sería evidente una clara competencia desleal entre los nacidos en México y quienes regresan de Estados Unidos, a lo que se sumaría una formación cultural que se contrapondría con la realidad mexicana, ya que no se sentirían “de aquí, pero tampoco se sienten aceptado allá”.

La presidenta del Consejo de Cámaras y Asociaciones Empresariales del Estado de México (Concaem), María de Lourdes Medina Ortega, afirmó que el sector empresarial tiene el deseo de apoyar a estos jóvenes; sin embargo, primero se debe revisar si ellos desean emplearse en México y luego, si se cuentan con las vacantes suficientes para sumarlos a la fuerza laboral.

Entendemos la parte social, el interés y la disposición que tenemos los mexicanos por nuestro sentido nacionalista, pero también debemos cumplir con los compromisos de los mexicanos que radican en este país”.

La presidenta de Concaem advirtió que se generarían desventajas si los dreamers ingresan al mercado laboral mexicano, ya que requerirán de salarios más altos, que, de cubrirse, podrían generar una espiral inflacionaria que pondría en riesgo la estabilidad económica de México.

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