La muerte de una Eva; detrás de la vida trans

Claudia Rodríguez – Julio 31, 2017

Ser transgénero es vivir vulnerable, habitar un mundo que teme a lo desconocido y para muchos, significa no existir, no ser tomado o tomada en cuenta, no tener identidad y ser víctima de discriminación, violencia y falta de oportunidades de aquellos que se niegan a conocer otras realidades.

Aspectos que se vuelven aún más complejos para un hombre que decide cambiar de género, pues implica estar condenado a la prostitución y a la segregación, incluso de la propia comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI).

Es una combinación entre la vulnerabilidad que biológicamente parecen enfrentar las mujeres, combinada con esa que construye una sociedad desinformada, llena de estigmas y miedo a lo desconocido”, asegura Ericka Miranda, ahora, una mujer fuerte que no pierde oportunidad para lucir su larga y cuidada cabellera, que solo enmarca su rostro anguloso que si bien no es de facciones finas, le dan una personalidad atrevida.

Es un mundo en el que no hay lugar para un grupo social diferente al tradicional. Nacemos biológicamente hombres o mujeres, según los genitales, pues declararse transexual se confunde con una preferencia sexual, como en el caso de los gays o las lesbianas, pero se trata de una identidad. Somos personas con una disociación entre el sexo biológico y el cerebral, con la que enfrentamos una transición que cuesta 200 mil pesos anuales en el caso del tratamiento de reemplazo hormonal, aunque las cirugías son más caras”, afirma.

Con una sonrisa en los labios, aquellos que, dice, han besado muchos hombres que la mayoría de las veces se dicen “machos”, platica que si los estereotipos fueran ciertos, a ella le quedarían solo dos años de vida, pues tiene 33 y las estadísticas refieren que en promedio, los transgénero mueren a los 35 años, por diversas causas como el suicidio, infecciones desarrolladas por cirugías estéticas mal practicadas o el transfeminicidio.

Para comenzar con mi transición, tuve que dejar mi casa y a mi familia desde muy joven. A los 23 años, ya era estilista experimentada y hacía otras actividades, pero nadie me orientaba sobre las opciones para lograr el cambio que yo anhelaba”, narra.

Ericka, con la pierna cruzada y un cigarrillo en su boca, relata que, desde los cuatro años, supo que algo en su constitución física no coincidía con su concepción mental, “y no estamos locos, se trata de una forma de ser insoportable e inexplicable para algunos”, esos mismos que las acosan sexualmente o aquellos que muchas veces las buscan para un servicio sexual.

II. Las “Evas” vejadas… asesinadas

El Estado de México ocupa el segundo lugar a nivel nacional en cuanto a homicidios contra los integrantes de la comunidad LGBTTTI, con un registro de 78 casos en los últimos tres años. A nivel mundial, México se ubica en la segunda posición, solo por debajo de Brasil, al contabilizarse 798 muertes según los registros oficiales, aunque activistas de la Red Mexicana de Mujeres Trans estiman que, por cada asesinato, existen al menos otros cuatro que no son denunciados.

Desde Adán y Eva, las mujeres y todas las orientaciones o preferencias sexuales distintas a la heterosexual y el hombre, son vejadas, asesinadas o aniquiladas”, agrega la también activista, para quien la batalla no está centrada en defender el derecho al matrimonio igualitario o a la adopción, sino en la premisa de hacer visible la existencia de las personas trans y que ellas -todas- luchen por sus derechos.

El presidente de esta organización, Israfil Filos Real, señaló que, por casos como los de Erika y debido a las agresiones a las que se ha enfrentado la población trans, en más de una ocasión, la comunidad LGBTTTI mexiquense ha promovido que se modifique la Fracción V del Artículo 245 del Código Penal del Estado de México, para reconocer los crímenes de odio por homofobia y, con ello, lograr que las penalidades pasen de 10 a 60 años de prisión en contra de quien los cometa.

Ha sido una lucha incansable de años, hemos traído hasta huevos a la Legislatura, no entendemos porque el rechazo. Ellos se hacen cómplices de los crímenes, ¿dónde queda nuestra autoridad?”, sostuvo.

III. (Des)protección gubernamental

Aun cuando son víctimas de agresiones verbales y físicas, las chicas trans temen denunciar a sus victimarios, pues quienes han acudido a un Ministerio Público para iniciar una carpeta de investigación, con la finalidad de que se les proteja como a cualquier otra víctima, encuentran un obstáculo, pues si bien se les brinda acompañamiento legal, psicológico y médico, su caso no es visto desde un enfoque de género; es decir, se les ve como varones, pues el Congreso mexiquense no ha aprobado que sea reconocido legalmente su cambio de género.

De acuerdo con la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, hasta ahora, solo se han atendido dos casos de este tipo, a los cuales se les ha procurado dar un enfoque de género, al canalizarlos a la Subprocuraduría para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género, aunque esta acción no está regulada y no se cuenta con el personal capacitado para llevar a cabo el seguimiento de estos casos.

Por ello, la Fiscalía mexiquense llamó a los diputados locales a apresurar la aprobación de una ley que otorgue derechos a la LGBTTTI en materia legal y así no esté “atada de manos” para dar seguimiento a estas agresiones.

Al respecto, la presidenta de la Comisión Legislativa para la Igualdad de Género de la 59 Legislatura local, María Mercedes Colín Guadarrama, aseveró que la aprobación de esta iniciativa que buscaría tipificar los crímenes de odio por homofobia, es un trabajo en coordinación que debe tenerse y se dará en el momento “adecuado”; mientras tanto, dijo, se ha apoyado al sector constantemente.

Nosotros nos hemos reunido con ellas, nos hacen saber sus preocupaciones y, en la medida que podemos, exponemos la situación desde nuestro sitio. El segundo tema es de todos los diputados, es cuestión de analizarlo más a fondo y, por supuesto, nosotros estamos a favor de que se tipifique, ¿cuándo? No lo sé, no es cuestión solo mía, se dará en el momento adecuado”, manifestó.

IV. ¡Ya basta!

La historia de una persona trans no se hace de la noche a la mañana. No basta con pintarse la cara y ponerse tacones, se requiere de orientación psicológica, médica, sexual, ginecológica, entre otras, pero sobre todo, de un entendimiento social, en donde cese la discriminación y haya aceptación para este sector que debe esconderse o mudarse a otros lugares para… sobrevivir.

No quiero ser más una víctima, quiero ser una persona fuerte. Quizá anhelaba el cuerpo que pensé que me permitiría ser aceptada en la sociedad, pero, en realidad, buscaba mi propia aceptación. Ahora la tengo”, afirma Ericka.

Por el momento, su objetivo es representar a una nueva generación transgénero de mujeres preparadas que buscan una vida basada en el respeto y la solidaridad, y que están decididas a formarse profesionalmente y acceder a una vida laboral digna.

Quiero llevar a todas las latitudes una voz diferente, que demuestre que esta arquitecta que no pudo ejercer su profesión por discriminación, tiene el valor civil de alzar la voz y exigir que los crímenes de odio cesen en el Estado de México, en México y Latinoamérica”, concluye.

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