Intermediarios rapiñan el campo mexiquense

Reporteros – Julio 9, 2017

Los Velázquez Velázquez son una de las familias más conocidas en Villa Victoria, pues por años se han dedicado al campo en la comunidad de San Pedro del Rincón, consolidándose en el pasado como uno de los principales productores de maíz y de papa de la región.

A sus 83 años, don Rodrigo -con lágrimas en los ojos y con un nudo en la garganta- recuerda que la suya llegó a ser una de las familias más afortunadas de la zona en la década de los ochenta, pues la siembra, cosecha y, posterior, venta de maíz, papa y, de acuerdo con la temporada, de flor de calabaza, calabaza y cilantro, le redituaban bastante bien.

“Lo que más me dejaba era el maíz, antes nos lo pagaban a un precio que si bien no era justo, no era tan castigado, por eso nos animábamos a sembrarlo cada temporada, es más la esperábamos con ansias, porque sabíamos que se nos iba a vender todo y hasta nos iba a faltar, por eso nos arriesgábamos, aunque en una o dos ocasiones nada más no se nos dio”, recuerda.

Acompañado de su esposa Margarita, don Rodrigo asegura que dedicarse al campo le permitió ofrecerle estudios de preparatoria y para quien lo deseó hasta universitarios a sus ocho hijos; algunos de ellos, prefirieron regresar a casa y también vivir de la siembra.

“Llenábamos camionetas completas que salían a las 03:30 horas a la Ciudad de México, a la Central de Abastos para vender toda la cosecha, a veces llevábamos a mercados o tianguis, pero siempre se acababa todo, pero luego cambiaron las cosas, en la Central ya no nos permitieron el paso, porque algunas familias se adueñaron del negocio y nos pedían que si queríamos vender, primero se los ofreciéramos a ellos y ellos ya llevaban la mercancía al cliente final”, narra.

El señor agrega que, con la aparición de los llamados “intermediarios”, iniciaron sus desgracias, pues los empezaron a condicionar respecto a la compra y sus productos del campo se devaluaron, de tal forma que, a veces y en el mejor de los casos, apenas recuperaban la inversión y en otras se quedaban con la mercancía.

“Recuerdo que, en 1994, cuando fue la desgracia de la devaluación, nos quedamos por dos años con todo el maíz, porque nos lo querían pagar incluso en menos de los que a nosotros nos cuesta, no era negocio”, dice.

II. El peor negocio

Debido al intermediarismo que existe en México, los productores agrícolas ganan por su producto, en promedio, sólo 10 por ciento sobre la inversión inicial que realizaron.

De acuerdo con el licenciado en Planeación Territorial, Agustín Ortiz Molina, éste es un problema económico para los productores; sin embargo, en muchas ocasiones, es necesario, ya que contribuye a que la distribución y venta sea asegurada.

“Aunque no es lo justo, en ocasiones, los productores agrícolas ven mejor ganarle poco a que se les quede toda la cosecha y ahí ni siquiera recuperan la inversión”, aseguró el también representante de un grupo de productores agrícolas de la Ciudad de México y del Estado de México.

Explicó que, en la mayoría de los casos, los intermediarios son quienes cuentan con la infraestructura y recursos necesarios, por lo que pueden comprar volúmenes altos de mercancía y ofertarla en un precio más alto y con un mayor número de clientes.

“Prácticamente, los campesinos sólo recuperan la inversión y quienes, en realidad, ven grandes ganancias son los intermediarios, porque a veces no es un sólo intermediario sino varios”, aseguró Agustín Ortiz.

De acuerdo con el especialista, la ganancia del primer intermediario oscila entre 30 y 40 por ciento; cifra que se presenta en pocos de los casos, ya que algunas veces la suma de la ganancia supera 600 por ciento.

III. Ganancias de grupos

La doctora en Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), Rosa Salía Canales García, afirmó que el elevado nivel de intermediarios en México, encarece los precios de los alimentos desde 400 y hasta 630 por ciento, debido a que cuentan con los recursos y la infraestructura necesaria, a diferencia de quienes se dedican al sector agrícola.

“Los intermediarios siempre van a buscar sacar la mercancía más barata y es que siempre van a estar un pie adelante por los recursos económicos que tienen, ya que les es más fácil pagar en efectivo a los productores que muchas de las veces se ven necesitados de dinero para pagar los insumos que compraron para lograr su cosecha”, dijo.

La especialista comentó que el exceso de manos por las que pasa un producto antes de llegar al consumidor final, ha perjudicado la producción agrícola, ya que el mercado de venta final de los alimentos tiene una estructura muy polarizada; es decir, desde participantes de supermercados y grandes cadenas comerciales hasta un número enorme de pequeñas tiendas.

“Los elevados márgenes de ganancia para los comercializadores es más evidente, por ejemplo, en el caso del limón puede llegar a ser hasta de 86 por ciento, el precio del producto al consumidor se eleva de 1.10 pesos a ocho pesos el kilogramo; es decir, 627 por ciento más y recibe sólo 14 por ciento del precio final”, explicó.

IV. Un mal necesario

El presidente de la Federación de Productores de Maíz del Estado de México, Everardo Lovera Gómez, destacó que la labor de los intermediarios es necesaria, pues forma parte de la cadena entre el productor y el consumidor, y es quien se lleva la mejor parte en ganancias, pues mientras el productor asume todos los riesgos, desde que siembra hasta que cosecha, padeciendo por los costos de los insumos y cambios climáticos, el consumidor absorbe los abusos de los intermediarios, ya que compra los productos del campo en centrales de abasto o supermercados a un elevado precio comparado al de la cosecha.

Explicó el concepto precio-medio-rural para la zona norte del Estado de México, donde el kilogramo de maíz salido del campo está entre 3.80 pesos y 4.00 pesos; sin embargo, Diconsa, en su periodo de compra, lo pagó a los productores en 3.85 pesos, pero al llegar a una central de abasto, el kilogramo del grano se pudo vender al consumidor entre 4.20 pesos y 4.40 pesos.

“Ese margen es para cubrir sus propios costos (de la central de abasto), no está descabellado; sin embargo, ese no es el valor real, no es el precio justo que el campesino requiere, nosotros estamos reclamando un precio entre 7.00 y 8.00 pesos por kilo o siete mil u ocho mil pesos por tonelada”, indicó el líder agrario.

Al citar que el estado de Illinois, en Estados Unidos, produce anualmente 32 millones de toneladas de maíz, lo que equivale a la producción total de México, Lovera Gómez exigió que el gobierno mexicano tiene que ver que el campo “no es cualquier cosa, pues es un sector estratégico”.

“El campo es más importante que el petróleo y las telecomunicaciones, porque primero tenemos que comer. En Estados Unidos, el gobierno llama a los productores a que participen con sus opiniones y nosotros tenemos que patear la puertas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) o de la Secretaría de Economía, para que se abran y nos escuchen, así es la posición de nuestro gobierno”, agregó.

IV. Urgente abrir canales para el campo

Ante este fenómeno, el licenciado en Planeación Territorial, Agustín Ortiz Molina, consideró que una de las líneas básicas para aminorar esta situación, es abrir nuevos canales de comercialización directa, donde los agricultores puedan ofertar su producto.

Otra de las alternativas, dijo, es formar diversas asociaciones de productores para que la venta de los productos sea masiva y de esta manera se asegure su comercialización como en los estados de Sonora, Campeche y Michoacán dónde ya se implementaron estas cooperativas de venta.

Por su parte, la doctora en Ciencias Económicas de la UAEM, Rosa Salía Canales García, reconoció la necesidad de buscar algún esquema de control para los intermediarios, en beneficio tanto de productores como del propio consumidor.

Comentarios

comments