Ladrones pierden el temor a Dios

Pinturas sobre óleos, cuadros, estatuillas, cáliz, patenas, vasos sagrados; artículos religiosos que en su mayoría aparentan un valor monetario que no les corresponde, sin embargo, hay quienes sin importar que sean entidades sagradas, los hurtan con la errónea idea de que son artículos financieramente costeables.

El robo de imágenes religiosas, ornamentos así como de las mismas alcancías donde los fieles depositan su limosna, son un tema que parece no suceder, sin embargo, es común.

Una iglesia llega a ostentar valiosas piezas, con precios que se valúan por su material y más aún, por su antigüedad. Existen templos católicos que están a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH, por el gran valor histórico, arquitectónico y monetario que poseen.

Hay pequeñas iglesias también que guardan coronas, telas, cruces con materias preciosas, oro, seda, perlas, joyas siempre atractivas para un ladrón.

“Mucho depende de la historia del templo y su patrón. Hay que tomar en cuenta que la mayoría de las pertenencias de una iglesia son donaciones, no compras que realizó el párroco, sino ofrecimientos de los feligreses” apuntó el párroco.

El temor a Dios quedó atrás, los tiempo cambian y las necesidades, la pobreza y miseria se han agudizado con el pasar de las crisis, no obstante, no hay razón que justifique un robo; “el robo es robo, y debe ser castigado y reprendido” exigió el vocero.

Así como un robo a casa habitación, los robos a iglesias no son perseguidos de diferente manera, son tratados como robos comunes.

“Existe una vinculación entre la diócesis, los templos y las autoridades de seguridad publica municipales, para que hagan valer nuestro derecho, como el de cualquier ciudadano, a la seguridad”

Lujo de violencia contra sacerdotes o sacristanes, cerraduras y candados forzados, ventanas rotas o simplemente una visita de esperanza a la iglesia; las formas de robar son diversas.

“Hay veces que las investigaciones logran dar con los ladrones y se recuperan los objetos robados, tal vez buscan venderlos a coleccionistas, desconocemos cual es su destino al llevárselos de las parroquias” comentó Miguel Zarate.

En el estado de México hay catedrales, basílicas o iglesias que datan del siglo XVII, templos considerados patrimonio nacional y cada imagen, pintura o sagrario que albergan, son invaluables.

“Las diócesis sólo se encargan de administrar, el INAH es el que está a cargo de estos patrimonios, y son quienes saben cuánto cuesta cada cruz que hay en las iglesias” señaló Zarate.

La inseguridad y la necesidad han rebasado los límites, cuando una iglesia y un santo fueron ultrajados, se pierden valores sociales, de culto y respeto entre los hombres. Tal vez ante las autoridades concernientes es un robo común, sin embargo, detrás de un robo a una iglesia hay delito y pecado.

En Toluca sí respetan los templos

Aunque hacer alrededor de diez años el fenómeno fue común en el Valle de Toluca, el robo de arte sacro ha disminuido de entonces a la fecha, pues no se conoce de algún caso en las 124 Parroquias, 2 Cuasiparroquias y 37 Rectorías de la Diócesis.

El padre Saúl Romero Sanabria, encargado de la Comunicación Diocesana de las Comunicaciones Sociales (Codicosoc), reconoció que al norte de la Diócesis de Toluca, en municipios como Xonacatlán, algunos sacerdotes han sido asaltados.

“Se han metido a las casas curales a llevarse lo que encuentran, pero no se han llevado arte sacro, sino material, fundamentalmente las limosnas y artículos valiosos”, destacó.

Lo más común, prosiguió, es que se roben las alcancías, y en lo que va del año al menos se ha conocidode tres casos.

Cuando se perpetra un ilícito de esta naturaleza, refirió, la Iglesia Católica generalmente no denuncia
ante la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) debido a la dificultad de contabilizar las pérdidas y de encontrar a los culpables; “mejor se pone otro sacristán”, dijo.

Delito grave

El sacerdote recordó que hace alrededor de diez años el robo de arte sacro ocurrió en varias parroquias de la Diócesis de Toluca, “pero a últimas fechas no se ha presentado”.

Hace un año, la Legislatura Federal clasificó como delito grave el robo de arte sacro, y aprobó sancionarlo con 15 años de prisión.

Para entonces, se refería que los municipios mexiquenses que presentan mayor incidencia se encuentran en el Valle de México: Texcoco, Teotihuacán y Tlalnepantla.

A nivel país, ocurre mayormente en las zonas centro y occidente (Puebla, Tlaxcala, Jalisco, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Oaxaca, Colima), en el bajío (Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes, San Luis Potosí), al norte (Chihuahua, Nuevo León,Coahuila, Durango, Sinaloa, Sonora, Zacatecas) y en el Valle de México (Texcoco, Teotihuacán y Tlalnepantla).

El priista Humberto Benítez, ex presidente de la Comisión de Justicia encargada de estudiar la iniciativa, advirtió que el arte sacro es una herencia cultural, más allá de filiaciones o creencias religiosas.

“México es uno de los países con mayor riqueza cultural en el mundo, pero también uno de los que
más ha experimentado el saqueo piezas históricas tanto prehistóricas, prehispánicas y de la época colonial”, abundó.

Rateros buscan más dinero que arte

De las tres diócesis radicadas en la zona oriente del Estado de México: Nezahualcóyotl, Valle de Chalco y Texcoco, sólo en ésta última se han registrado dos robos de arte sacro durante el último lustro, y aunque sí son comunes los hurtos de alcancías, copas, floreros y otros objetos religiosos, las medidas preventivas adoptadas por los párrocos han permitido disminuir la incidencia.

En junio de 2011 fueron sustraídas de la parroquia de San Luis Obispo, ubicada en la comunidad de San Luis Huexotla, municipio de Texcoco, dos imágenes talladas en madera de Santa María Magdalena y Santa Úrsula, las cuales datan de los siglos XVII y XVIII, respectivamente.

Del hecho tomaron conocimiento las autoridades municipales, estatales y federales, incluidas las del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Y, un año después, el pasado mes de agosto, los hermanos Guillermo y Emmanuel Romero hurtaron la corona de San Miguel Arcángel, patrono de la comunidad de San Miguel Tlaixpan, además de medallas, esclavas y otros objetos de oro que los feligreses ofrendaban en el templo, en agradecimiento a los favores recibidos.

En esa ocasión se descubrió a los responsables, originarios de la misma comunidad, debido a que la parroquia cuenta con un circuito cerrado, por lo que el robo fue videograbado. El hecho causó sorpresa, pues la familia de los infractores es una de las más apreciadas en el poblado que se localiza en la zona montañosa de Texcoco.

En las diócesis de Valle de Chalco, que abarca hasta la región de los volcanes, donde municipios como Amecameca y Ozumba cuentan con parroquias antiguas como la de la Inmaculada Concepción de María, la comunidad eclesiástica y los propios feligreses han reforzado medidas preventivas para evitar el saqueo de piezas religiosas invaluables, lo cual ha permitido inhibir esta práctica.

Y en Nezahualcóyotl, la diócesis acepta que existe robo de alcancías y otros objetos religiosos, aunque no propiamente piezas de arte sacro.

“Lo que hemos detectado es que buscan dinero en efectivo (los ladrones) u objetos que se venden con cierta facilidad como bases de candelabros, floreros, copas y otros objetos que tienen aluminio u otros materiales comerciales”, señaló el vocero de la diócesis, Mariano Montiel Acosta.

Reiteró que la diócesis ha recomendado a los sacerdotes de las 83 parroquias que prevengan el delito en la medida de sus posibilidades, desde cerrar los recintos cuando no hay actividad pastoral, hasta la instalación de sistemas de videovigilancia.

Refirió que aunque en Nezahualcóyotl las iglesias son relativamente nuevas, sí existe arte sacro, aunque no hay un padrón exacto; sin embargo Los Reyes la Paz e Ixtapaluca, que también pertenecen a esta diócesis sí cuentan con templos antiguos que contienen piezas de incalculable valor.”

En Tulpetlac, la gente cuida su parroquia de malandrines”

Ubicada en una de las colonias con mayor incidencia delictiva de Ecatepec, la Parroquia de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe, ubicada en el pueblo de Santa María Tulpetlac, ha logrado mantener su esplendor y las importantes piezas de arte sacro que desde hace varios siglos, son  resguardadas por la comunidad.

“Tenemos la protección del Señor y de la Virgen de Guadalupe, pero también la de los vecinos de la colonia, que tienen un cuidado especial a este lugar que fue el escenario de la quinta aparición de la Virgen de Guadalupe en donde además, reveló el nombre con que quería ser honrada: Santa María de Guadalupe”, manifestó Víctor Manuel Muriño, párroco de esta iglesia.

Por lo que la veneración y el respeto al recinto donde hace unos siglos se encontrara la vivienda de Juan Bernardino, tío de Juan Diego, es algo que puede ser causa de linchamiento para cualquier ladrón que intente profanar este recinto, así lo aseguró Don José, vecino de la colonia y quien a sus 70 años, aseguró que “la casa de Dios es Sagrada, y quien intente pasarse de listo sufrirá las consecuencias”. 

La Parroquia de Tulpetlac, fue construida a fines del siglo XVI por la orden franciscana y en su construcción predomina el estilo plateresco mexicano y contiene en sus retablos cuadros del siglo XVI, XVII y XVIII. Una de las obras significativas es el Santiago Matamoros que mandó a pintar doña Leonor de Moctezuma, hija de Moctezuma Xocoyotzin, quien fuera el último tlatoani mexica.

En contraste, la antigua Iglesia de San Cristóbal, que data del año 1562, convirtiendo a este recinto en una de las edificaciones antiguas del municipio, se ha convertido en uno de los recintos religiosos más vigilados de la localidad, al ubicarse a espaldas de lo que hoy es la Catedral y Diócesis de Ecatepec, construida en 1995 por Onésimo Cepeda, ahora obispo Emé-rito de Ecatepec.

Actualmente, la iglesia se conserva abierta al público y el monasterio dominicano es utilizado ahora como las oficinas administrativas de la Diócesis, mientras que una parte de éste recinto se utilizó para la creación de la Casa de la Cultura municipal “José Ma. Morelos y Pavón”.

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