Celebra Tonatico original festejo de Independencia

Las Fiestas Patrias en Tonatico, pueblo mágico ubicado al sur del Estado de México, por varias razones se convierten en un festejo peculiar y atractivo.

La primera razón radica en que la celebración no ocurre los días 15 y 16 de septiembre, sino 26 y 27 del mismo mes, para no empalmar los festejos con Ixtapan de la Sal, el municipio más cercano, y en conmemoración de la fecha en que culminó la guerra de independencia en México.

De esta manera, oficialmente «El Grito» se realiza la noche del 26 de septiembre, con un simulacro del llamado del cura Hidalgo a la guerra.

En tanto, por la mañana del 27 de septiembre se realiza el tradicional desfile, y por la tarde un simulacro del enfrentamiento en que participan buen porcentaje de los habitantes del municipio, fundamentalmente jóvenes y adultos, y que culmina por la noche con la danza de los apaches en el kiosko de la cabecera.

El desfile, es uno de los más ordenados de la región; en él, además de todas las escuelas del municipio, participan las de los aledaños, e incluso de Guerrero y Morelos, entidades que limitan con Tonatico, y hasta de comunidades estadounidenses como la de Waukegan, Illinois, a donde ha ido a radicar un buen número de tonatiquenses.

Con antelación a la fecha, los participantes en el simulacro de independencia se encuentran obligados a registrarse y no alterar el orden del desfile: se elige a quienes representarán al cura de Dolores, Morelos, Allende, Aldama, Josefa Ortiz de Domínguez, etc.

En tanto, los pobladores se erigen en soldados y se integran en cuatro contingentes: españoles o gachupines (que defienden la causa enemiga y portan uniformes similares a los del ejército español), guarines, apaches y costeños.

Los guarines suelen ser más numerosos, simbolizan la base social de aquellos tiempos, visten camisa y pantalón de manta, pintan de negro sus pieles y cara con una mezcla de tizne de carbón y grasa, y su característica de carácter radica en el sarcasmo mexicano porque a lo largo del desfile con sus gestos, armas y equipo que ellos mismos construyen, se mofan de la realidad política, social y económica del país.

Los apaches son los indígenas mexicanos, tiznan su pieles de rojo con una mezcla de labial y manteca, visten de colorado con una falda decorada con cientos de alfilerillos fabricados en metal de tal manera que al movimiento chocan unos con otros provocando sonidos; sobre la cabeza llevan penacho y a los hombros cargan un carcax lleno de flechas y su arco en la mano. Su principal arma es la danza de los apaches, originaria del municipio y creada ex profeso para la festividad.

Los costeños, representan a luchadores originarios de la costa; su imagen y temperamento es el más «rudo»; visten de camisolas y mezclilla negra, pintan sus pieles de negro y usan sobreros negros de ala ancha; todo borrado con llamativas aplicaciones de chaquira de la imagen de la Virgen de Guadalupe o el escudo del municipio.

Las armas de los costeños son los «mosquetes», una especie de pistolas fabricadas por los lugareños con tubos de metal, detonadas al ser rellenadas con pólvora y que emiten un sonido estruendoso, propio de sus fiestas.

La tarde del 27 de septiembre, todos los contingentes arman con tablones de madera una especie de castillo que simula la guarida de los españoles, que en un enfrentamiento de cascarones de huevo rellenos con tintura y harina es tomado y derribado por guarines, apaches y costeños.
Al final, la derrota del ejército español es festejada por la población en general en el kiosko central, a fuerza de bailar incesantemente la danza de los apaches.

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