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Mexiquenses atesoran tradiciones navideñas (Video y fotogalería)

Emmanuel Suberza

19 / diciembre / 2012

"El sol brilla como el oro, la luna como la plata, en vez de candil piñata, de dulces como un tesoro", escribió Guillermo Prieto sobre una de las creaciones más coloridas y tradicionales para los mexicanos: las piñatas, que con el paso de los años, se han convertido en un producto imprescindible para la celebración de las posadas, cumpleaños entre otros festejos.

El ex convento de Acolman es la referencia inequívoca dada por los vecinos del municipio para encontrar el taller de piñatas Orzac atendido desde hace 17 años por Romana Zacarías Camacho, quien junto con su familia produce alrededor de 10 mil piñatas al año de diferentes medidas, colores, figuras y tamaños, pero eso sí, todas hechas a mano.

Desde las 10 de la mañana hasta las ocho de la noche, doña Romana junto con otras 16 personas, la mayoría familiares y amigos, comienzan la producción de estas peculiares creaciones que pueden ser tanto de barro como de papel, y la selección de colores con los que serán adornadas las piñatas es realizada por la persona que la elaborará o por los propios clientes.

"Tenemos la fortuna de que familias de estados como Tlaxcala, Puebla o Morelos y de muchos municipios mexiquenses como Toluca, Tlalnepantla, Ecatepec o Nezahualcóyotl vengan a comprarnos todas las piñatas que utilizarán en las posadas, que van desde los 25 hasta los dos mil pesos dependiendo su tamaño; la más grande es de cerca de tres metros de diámetro", comentó.

La artesana, sin embargo se quejó de que ni ella ni los cerca de 400 artesanos tienen ayuda de las autoridades municipales para difundir sus creaciones dentro y fuera de Acolman, y aseguró que lo único
que buscan "es sacar el mayor provecho económico con nuestro trabajo en la Feria de la Piñata, en donde el alcohol abunda y nosotros ni siquiera somos invitados".

Más con una sonrisa en los labios, doña Romana y su familia aseguraron que las piñatas son una tradición que está lejos de perderse en el país, "y no vamos a permitir que nuestro pueblo pierda el encanto de ser conocido como el municipio donde comenzó toda esta magia".

Cuenta la leyenda...

De acuerdo con Doña Romana, las piñatas llegaron México a través de frailes franciscanos, quienes a principios del siglo XVI utilizaron esta peculiar creación como una herramienta de evangelización para atraer la atención de los indígenas con la creación de las llamadas "misas de aguinaldo", que con el paso del tiempo se convertirían en las famosas posadas.

La olla de barro de la piñata es la personificación del diablo, mientras que sus siete picos simbolizan los pecados capitales, por eso "sus colores son tan coloridos, ya que la maldad siempre es atractiva a los ojos de las personas", relató María del Rocío Ortíz, hija de Doña Romana, y quien aseguró
que es un orgullo decir "soy de Acolman y hago piñatas, pues nací entre ellas".

Debido a esto, quien pretende romper la piñata debe tener los ojos cubiertos con una venda que simboliza la fe, mientras que el palo con el que se buscará vencer al mal será la virtud, por lo que al quebrar la piñata, la recompensa será lo que trae dentro: dulces, frutas e incluso, algunos juguetes para los pequeños.

Salen del Edomex 70% de las esferas navideñas del país

Los municipios de El Oro y Zumpango, en el Estado de México se han convertido en referentes obligados cada época decembrina, debido a que entre sus actividades económicas se encuentra la fabricación de esferas navideñas.

En la actualidad, el Barrio de San Marcos, en Zumpango produce 70 por ciento de las esferas que se utilizan en el país para adornar los árboles navideños, mientras en El Oro es la familia de Mario Moreno quien se ocupa de esta actividad desde hace 18 años, con exportaciones a países como Estados Unidos.

Las esferas navideñas son una artesanía de vidrio soplado, en tamaños diversos que van de los 20 milímetros a los 20 centímetros de diámetro; varios colores mate o brillantes; múltiples modelos
(unos 200): redondas, chimborros (forma de gota), torcidas, chilacas (puntiagudas), paletas (planas), campanas, casitas, muñecos de nieve, hongos, personas, entre los más populares.

La etapa fuerte de la producción suele iniciar unos tres o cuatro meses antes de diciembre, y en cada taller trabajan entre 15 y 20 personas, entre ellas los integrantes de la familia, pues los talleres aún son fundamentalmente familiares.

Competencia desleal

Sin embargo, como ocurre con la mayoría de los artículos populares mexicanos, las esferas nacionales ven mermado su mercado debido a la proliferación del producto chino, que si bien es más económico también posee menor calidad, no es artesanal sino elaborado en serie, con materiales como el plástico y las pinturas tóxicas.

Cabe señalar que durante la Edad Media, el árbol navideño se adornaba con manzanas y otros frutos simbólicos del mito del pecado original y las tentaciones; con el paso del tiempo, fueron sustituidas por las esferas que ahora simbolizan las oraciones que se realizan durante el Adviento (periodo previo a
la Nochebuena).

Hoy, el color de cada esfera guarda un significado: las plateadas corresponden al agradecimiento; las rojas son de petición; las azules, de arrepentimiento; y las doradas, de alabanza.

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