VIDEO: Fábrica de delincuentes

Reporteros Hoy Estado de México – Noviembre 1, 2016

6a00d8341bfb1653ef0177436c046f970dA sus 26 años, Juan, quien nació en el municipio de Tlalnepantla, en los límites con la delegación Gustavo A. Madero, se dice satisfecho y uno de los mejores en su oficio, al que le ha dedicado cerca de un década, pues ha sido de los pocos que, a pesar de haber participado en el negocio de la venta de drogas al menudeo, nunca ha sido capturado por las autoridades de seguridad, lo que le ha permitido subir posiciones en la estructura de su grupo delictivo.

Hijo de madre soltera y criado por su abuelo, ya que su mentora tenía que trabajar para darle lo que necesitaba, su vida en la delincuencia inició cuando tenía 16 años, de la mano de uno de sus vecinos, quien lo indujo al consumo de sustancias como la cocaína, lo que, a la par de la falta de oportunidades para continuar estudiando, lo llevó poco a poco a decidirse por la compra y venta de estas sustancias.

Juan dice que, desde su nacimiento, estuvo condenado a dedicarse a esta actividad, pues creció en el cuarto de una vecindad, en donde dormía con su madre y con su abuelo, éste último fue el encargado de llevarlo a la escuela en sus primeros años de vida y quien lo ayudaba a hacer tareas, aunque no sabía leer ni escribir, y al que acompañaba todos los días al puesto ambulante de venta de “chacharas” que tenía en un tianguis del municipio mexiquense.

“La neta el estudio no se me daba, nunca fui bueno para eso y aunque mi jefa trataba de ayudarme, pues se dio por vencida cuando le dije que no quería seguir estudiado. En el tianguis conocí a gente que me metió al negocio y para eso sí soy bueno. Han matado y metido al bote a muchos hermanos, hace un mes, me quitaron a dos de mis alumnos, los ejecutaron, pero yo sigo estando adentro, hasta que el cuerpo y los de arriba me lo permitan”, asegura.

¿Qué van a hacer en la vida?

Luis Arias González, director de Prevención y Readaptación Social del Estado de México, indicó que cada vez es más frecuente que adolescentes de 14 años de edad cometan delitos en la entidad, principalmente, relacionados con el robo en sus distintas modalidades.

Este fenómeno, de acuerdo con la doctora en Ciencia Social, con especialidad en Sociología, Vanessa Lizbeth Lara Carmona, se debe a que los adolescentes y jóvenes perciben que no tendrán oportunidades a futuro en términos laborales, educativos o de salud, por lo que se arriesgan, incluso, a perder la vida en un hecho delictivo.

“Porque también ellos la arriesgan al cometer delitos (…) finalmente, ellos perciben que no van a tener oportunidades de vida; entonces, cometer delitos en este momento, no les representa mayor riesgo, no se detienen a decir ¡puedo perder la vida!, perciben que aunque estudien, aunque trabajen, no van a tener mayores oportunidades”.

¿Les gusta lo más fácil, doctora?, “No es que les guste lo más fácil, los costos que representa ir a la cárcel, ya no son mayores que las condiciones de vida que tienen actualmente, entre que yo viva en pobreza, entre que no tenga educación, entre que no tenga trabajo y estar en la cárcel, los dos son difíciles; entonces, le apuesto por aquello que tengo a la mano”, subrayó la maestra Lara Carmona.

La también catedrática de Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) señaló que este fenómeno dejará de ser exclusivo de zonas marginadas y se trasladará a las ciudades.

La socióloga advirtió que el “caldo de cultivo” para que un adolescente o joven se incline por cometer delitos, reclutado por algún adulto, es que viva en un hogar inmerso en el desempleo, que la educación le sea algo imposible o un sueño, y donde no se tenga un lugar digno donde vivir, lo que genera relaciones hostiles para este sector de la sociedad.

Consideró que el hecho de que los adolescentes y jóvenes ya estén inmersos en la comisión de delitos, es el resultado de “varias debilidades institucionales que se tienen y es el hecho de la prevención, planeación, proyección, de ver a futuro y de hacer políticas públicas, no en el corto plazo, si no en largo plazo, lo que podría alejarlos de esta forma de vida.

La raíz del problema

En el Estado de México, existen cinco millones 420 mil 739 personas de entre 15 y 34 de años de edad, de los cuales 98.83 por ciento es considerado alfabeta y 0.60 analfabeta; es decir, no sabe leer ni escribir, siendo los hombres los que encabezan esta lista, de acuerdo con el Consejo Estatal de la Población (Coespo).

Por otro lado, el promedio de escolaridad en la entidad es de 9.53, lo que representa que los mexiquenses apenas concluyen la secundaria, pues se estima que el grueso de la población, 52.89 por ciento, apenas tiene estudios de nivel básico, mientras que 24.99 ingresaron a la educación media superior y 17.85 a la superior.

Reos sin educación

De los 26 mil 500 internos, entre procesados y sentenciados que hay en las 24 cárceles del Estado de México, dos mil 392 sujetos tienen la primaria terminada, 786 la secundaria, 646 la preparatoria o equivalente, tres mil 123 cuentan con estudios propedéuticos, mil 201 desarrollan algún curso o diplomado y 502 están en proceso de alfabetización en reclusión, lo que muestra que solo 32.64 por ciento (ocho mil 650) de los reclusos mexiquenses cuenta con estudios.

“Mientras que 17 mil 850 reos saben leer y escribir y muchos de ellos, aunque en menor proporción, cuentan con alguna licenciatura y están en distintos talleres para aprender algún oficio que les ayude económicamente para el sustento de su familia”, indicó Luis Arias González, director de Prevención y Readaptación Social del Estado de México.

Explicó que el grueso de la población carcelaria se centra en los 25 a 31 años de edad, le sigue el grupo de 18 a 24 años y de los 31 años en adelante comienza a descender el rango de la población en cuanto a edad se refiere, “las mujeres están sobre dos por ciento dentro del rango de edad productiva”.

De forma general, el funcionario indicó que la edad para cometer algún delito ha descendido a los 14 y 18 años de edad, siendo el principal ilícito el robo en sus distintas modalidades.

Problema Metropolitano

“Carita de Ángel” es la forma en la que apodan a Jesús “N”, un chavo de 19 años dedicado desde hace un lustro al robo a transeúnte y de autopartes. En julio pasado, salió del Reclusorio Norte, donde estuvo 10 meses por robar un auto estéreo en las calles de la colonia Guadalupe Tepeyac, en la delegación Gustavo A. Madero. No es la primera ocasión que termina tras las rejas, con ésta y desde antes de cumplir la mayoría de edad, ya suma su cuarto ajuste de cuentas con la autoridad.

“Siempre me gustó el desmadre, ya en la secundaria taloneaba a mis compañeros para comprar perico y mota. A mis papás siempre les dio igual, están separados, mi jefe vive en la (colonia) Guerrero,  mi mamá se juntó con un señor y se fue a Michoacán, les ´valí madres´ y mis únicos amigos son 10 varos en la bolsa y una grapa en la otra”, dice.

En las cuatro cárceles de la Ciudad de México, hasta hace unas semanas, “Carita” formaba parte del 50 por ciento de la población penitenciaria cuya edad oscila entre los 18 y 30 años, de acuerdo con datos de la asociación civil Modernizando el Sistema Penitenciario. Hasta febrero pasado, el censo que se tenía eran 36 mil 501 internos, de los cuales alrededor de 18 y 20 mil no superan la tercera década de vida.

Los delitos por los que han ingresado son: robo calificado, homicidio, portación de armas de fuego, venta de drogas y secuestro.

De acuerdo con Olivia Garza, ex diputada local por el Partido Acción Nacional, la mayoría de los primo delincuentes o con un historial robusto de delitos, cuentan con la secundaria como grado de estudio máximo, aunque hay otros casos donde la primaria la tienen trunca.

“Al cruzar las rejas hacia el interior, nuestros jóvenes encuentran espacios como la terapia, el aprendizaje de un idioma, los famosos talleres de artes y oficios, un escaparate que además de ayudarlos a reducir considerablemente sus sentencias, los saca, en muchos de los casos, a librarse de escalar peldaños delincuenciales”, explica Martha Eréndira Estrada, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), campus Azcapotzalco.

Con datos de Modernizando el Sistema Penitenciario que, por cierto, presenta un sobrecupo de al menos 14 mil presos en la capital del país, sólo alrededor de 10 mil o menos, tienen acceso a programas sociales, educativos, de trabajo  o de reinserción, lo que los orilla a la reincidencia hasta en 40 por ciento de las ocasiones.

Pobres delincuentes

La especialista Lara Carmona indicó que la clave para solucionar el problema, es que los gobiernos desarrollen y concreten políticas públicas suficientes para enfrentar la fuerza y magnitud del problema, “si no atendemos estas posibilidades de ocupar a los jóvenes, de manera que se puedan integrar a la vida pública, ser trabajadores, puedan educarse y tener opciones de vida, esto se va a expandir, ya lo estamos viendo con estos niveles de criminalidad y además con la violencia con en que se dan”, dijo.

La doctora en Ciencia Social hizo énfasis, en que, ser pobre, no significa ser delincuente, por lo que unas políticas públicas bien empleadas podrían cambiar las condiciones de pobreza.

A destacar:

  • 26 mil 500 internos hay en el Edoméx, entre procesados y sentenciados
  • 32.64% de los reclusos mexiquenses cuenta con estudios
  • 3 mil 123 con estudios propedéuticos
  • 2 mil 392 con primaria terminada
  • Mil 201 con algún curso o diplomado
  • 786 con secundaria
  • 646 con preparatoria o equivalente
  • 502 están en proceso de alfabetización en
  • 17 mil 850 reos saben leer y escribir
  • Edad promedio: 25 a 31 años de edad y le sigue el grupo de 18 a 24 años.

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