VIDEO: Amores cruzados a ritmo de danzón

Eduardo Ruiz – Noviembre 25, 2016 18salones-de-baile1

Al evocar sus recuerdos, éstos se remiten a una noche de martes en el salón de baile Los Ángeles de la colonia Guerrero, en la delegación Cuauhtémoc.

La danzonera de Felipe Urban tocaba nuestra canción: Dónde estás corazón. Llegó Coco (una ex amiga que tenían en común) y nos presentó, desde ese momento y a la fecha, no nos ha separado ni en la enfermedad”, narra Salvador Hernández, quien conoció a Lidia en una noche de baile y danzón hace más de 20 años.

Desde joven, si es que a los 25 años se les puede decir juventud, vengo al baile, es el mejor ejercicio para el corazón en todos los sentidos. Tuve varias parejas, pero ninguna como Chava, siempre supe que terminaríamos juntos en la pista de la vida”, asegura la dama, ataviada con un vestido negro lleno de lentejuelas, mientras espera en la fila de acceso a otro de los recintos que frecuenta, el Salón Caribe, el imperio de la Rivera de San Cosme.

Roberto Sarmiento, experto en cultura popular, señala que estos recintos donde se propicia el amor a media luz, comenzaron a operar en la capital mexicana en la década de los años cuarenta, con el fin de dar cabida a los incipientes sonideros que se reunían con sus tocadiscos y platillos llenos de música de la Sonora Matancera, Maracaibo, La Santanera y danzones cubanos, mexicanos y rarezas de cumbia colombiana.

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Enclavado en la Calzada de Tlalpan, en una de las principales avenidas que cruza la colonia Portales, se encuentra el legendario California Dancing Club, creado en 1954; sitio que muchos fanáticos del contoneo fino han optado por reconocer como la Catedral del baile, donde por 40 pesos caballeros y 20 pesos damas, se da rigor al cuerpo.

Cumbia y salsa pueden escucharse en el número 43 bis del Eje Central Lázaro Cárdenas, en plena colonia Centro, muy cerca de Garibaldi, pues “quien no ha ido al Tropicana, no visitó chilangolandia. Ahí he visto desde Maelo Ruiz, Rey Ruiz, hasta el más rico merengue”, asegura Salvador Hernández.

Cada viernes, aunque no es exclusivo el día y más si es puente o quincena, las largas filas se apoderan de la Calzada México – Tacuba, a unos pasos del Circuito Bicentenario, pues es momento de reservar los mejores pasos para la pista del Caribe. El acceso está tapizado con carteles viejos, pero quien cruza la puerta la puerta principal, ve con orgullo que, en ese lugar, tocaron los mejores exponentes de la música tropical, es una suerte de emblema, de presea que da prestigio.

El paso del tiempo no miente en estos sitios, el desgaste de las duelas o del piso de loza es evidente, pues el culto por los ritmos elegantes ya es añejo. El tango, mambo y el chachachá, ya pasaron; sin embargo, como ha ocurrido en al menos treinta años, la salsa y la cumbia siguen imperando.

En las anécdotas de los salones de baile, viven aquellas noches doradas donde miembros de alta cultura nacional se daban cita para socializar, “personajes como Frida Khalo, Mario Moreno Cantinflas, Damaso Pérez Prado, Carlos Monsiváis y Gabriel García Márquez gozaron y se reunieron con el pueblo, una muestra democratizadora, porque los salones de baile, como la fila de las tortillas, es el espacio más íntimo para democratizar”, afirma Lidia antes de ingresar a la que se ha vuelto su segunda casa, donde hoy quiere reconquistar a Salvador.

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